El doble rasero de la custodia compartida

Un juez de Madrid ha resuelto que el padre de un niño autista no está obligado a mantener un régimen de visitas con el niño si no quiere. La historia está llena de detalles trágicos y estoy convencido que la madre lo debe estar pasando fatal, pero se ha aprovechado para demonizar al padre y volver a exigir una justicia asimétrica en la que los hombres sólo tenemos obligaciones.

Pongámonos en situación: tu marido fallece, tu hijo de tres años coge una depresión considerable, encuentras nueva pareja, tienes otro niño que parece normal, a los 2 años deja de hablar y empieza a mostrar un comportamiento distante, tira las cosas, grita, rehuye el contacto, le diagnostican autismo, tu nueva pareja se distancia, se desentiende del día a día, un día te dice que quiere separarse y que te marches de casa con los niños, te quedas sola con un niño que perdió a su padre siendo poco más que un bebé y otro incapaz de comportarse con normalidad. ¿Qué haces?

En el caso de Sofía, la protagonista de esta historia, la solución fue interpones una demanda judicial, exigiendo que se impusiera un régimen de custodia compartida en el que el padre se hiciera cargo de los niños más tiempo. El caso va a juicio y el juez resuelve que no se pueden imponer visitas a un padre que no quiere tenerlas. Lo que no impide que sí deba atender la pensión de alimentos.

Ahora, la historia salta a las páginas de El Mundo, y todo los comentarios se echan sobre el “malvado” padre que se ha desentendido del niño. Coincido en que el padre debía estar tan abrumado como la madre y ha optado por una salida cómoda, fácil y cobarde de poner tierra de por medio y desentenderse del asunto. Lo de echarles de la casa… en fin, yo no lo habría hecho, pero la vivienda era suya y tiene derecho. Despreciable, pero legal. Y debe seguir siendo así; no puede tirarse por tierra el principio de propiedad privada para “colectivizar” los bienes según le conviene a cada uno.

Con lo que no estoy tan de acuerdo es con eso de obligar al padre a tener un régimen de visitas. Porque, seamos sinceros, Sofía no ha ido al juzgado porque considere que su pobre ex-pareja está sufriendo sin ver a su hijo, y anhela un trato más justo para él. Sofía está harta (con razón) de ver su vida arruinada por el machaque diario de un hijo autista y quiere repartir la carga. Y hasta cierto punto lo podría admitir… si el principio obrase siempre en los dos sentidos.

Porque cuando los niños son normales y sólo sirven para exigir una pensión de alimentos, las feministas de salón no exigen de la misma forma la custodia compartida. No, en esos casos el padre es un accidente natural, un mal menor que la mujer debe tolerar para acceder a la maternidad, cuyo único derecho es pagar, pagar, pagar… y pagar. Y si ve a sus hijos una vez al mes en vez de cada quince días, mejor. Que no son pocas las que se saltan los regímenes de visitas con cualquier excusa y sin consecuencias.

¿Queréis corresponsabilidad en todos los casos? Entonces debe haber derechos equiparables en todos los casos, no sólo en los que son molestos y queréis quitaros al niño de encima.

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