Un colegio de Valencia acosa a una niña de 10 años por usar el castellano

A los 10 años es cuando empiezas a dejar definitivamente la niñez para entrar en la pre-adolescencia, un periodo que viene acompañado de los primeros “sustos” de la vida, como ser consciente de que se muera una mascota y que no vaya al cielo de los animales o, como en el caso de Natalia, que te suspendan un examen por el horrible crimen de haberlo contestado en castellano.

El director del Colegio Público Profesor Sanchis Guarner, defiende la decisión del profesorado insistiendo en que “la niña debe responder en la lengua en la que se le explican los conocimientos, máxime cuando no tiene ningún problema para ello, pues saca notas altas en Lengua Valenciana“. Un argumento que parece razonable, pero que contrasta con la posición del padre que insiste en que “Mi hija tiene el derecho constitucional a responder en castellano. Y punto“.

El verdadero alcance de la situación la da el inspector de Educación que, en palabras del padre, ha asegurado estar “hasta la narices del tema y que lo que yo busco es crear una brecha en el sistema educativo valenciano“. No importan detalles como que Natalia empezó su educación en castellano, que el centro siempre haya permitido usar ambas lenguas indistintamente, que ésta sea su lengua habitual, que sea la oficial del estado, que sea una estudiante modelo o que la mayoría reconozca que el valenciano carece de implantación real en la vida de la ciudad. Ha llegado un nuevo comisario político y nadie se atreve a replicar la doctrina.

Lo que importan son las frustraciones y anhelos fundamentalistas de políticos y oportunistas, como el personal del centro, que han abrazado con celo la causa de la (inexistente) pureza valenciana, aunque sea machando a una niña de 10 años. Es fácil meter a una niña en una sala para adoctrinarla en una ideología. Es fácil amenazar a un padre con la expulsión de su hija cuando los organismos te dan la espalda. Natalia aprovechaba sus estudios, sacaba buenas notas, crecía con tranquilidad. Hasta que el nacionalismo se ha metido en su casa, en su colegio y en su vida para decirle cómo tiene que hablar y pensar. Y si no traga, suspendida.

Más información en El Mundo.